6.11.12

El platillo Mickie

Ayer acompañé a Martha al Centro de Salud en Woodlands donde está internado su marido con inconciencia profunda y a la salida, aunque ninguno tenía demasiado apetito, entramos a uno de los restaurantes ''Los Cucos'' que a ella tanto le gustan.

Yo no sabía que pedir, así que ella, que se las sabe todas, pidió un platillo para compartir conmigo. El platillo se llama Mickie y se compone de una quesadilla, un taco de fajita de res, arroz, frijoles, pico de gallo y una pechuga con salsa Alfredo y tortillas de harina transparentes. Aparte, trae un tazoncito con sopa de tortilla. Como Martha es remilgosa y no come en cualquier parte, pidió la sustituyeran la sopa de tortilla por frijoles a la charra, porque la mejor sopa de tortilla de Los Cucos, según ella, no la preparan bien en este estaurante. Y bueno, llegó el té helado, la botana de totopos y dos salsitas, una roja de tomate asado con chile (que a mí me supo como a tamarindo) y otra verde como guacamole, pero de un color pastel, como si fuera betún de pistache. Muy buenas las dos. En lo que esperabamos a Mickie, casi nos acabamos los totopos.

Cuando llegó el plato y empecé a comer la pechuga, me supo demasiado fuerte el sabor del queso y más cuando comí del resto, cuya sazón era mexicana, ahí como que se me revolvió el estómago con lo italiano... con las tortillas de harina me preparé otros tacos con una untada de frijoles refritos, arroz y pico de gallo, pero el sabor del queso de la salsa Alfredo me seguía mareando. Cuando se lo comenté a Martha me dice, uy, tú eres peor que yo, siempre te tienes que quejar de algo, si te he pedido otra cosa me habrías dicho que tampoco estaba buena...
No, yo no soy remilgoso, pero no me gusta nada que lleve queso amarillo derretido encima porque eso no es mexicano. A mí las tortillas de harina me gusta que se vean blancas, con manchas cafés, no transparentes, y los sabores de este platillo no son compatibles entre sí. 
En fin, este es supuestamente, su platillo favorito... con razón batalla tanto para encontrar donde comer, con esos gustos tan extraños!
Para terminar pidió una sopaipilla (yo insistía en no tener hambre) que compartimos entre ambos.

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