17.11.12

En memoria de Tonya

Día mundial de la diabetes

Cuando conocí a Tonya Amos, me preparó un platillo de ''enchiladas''. Las traía en un refractario y solamente se veía lo de encima, el queso amarillo con algo rojizo. No dudo que hayan estado las tortillas rellenas de carne y enrolladas, acomodadas como cigarros pero yo bromeando le dije que más bien parecía lasaña, y desde ese día la llamamos ''lasaña mexicana''
El incidente provocó una conversación y aunque mi idea de la cocina mexicana no es general porque lo que sé es lo que aprendí de mi abuela, se convirtió en un tema recurrente, donde compartíamos recetas y nos negábamos otras, porque la de las alitas de pollo en salsa picante se la llevó a la tumba. Era su receta secreta y lo sigue siendo...
Las mías, aunque nunca han sido secretas, tampoco le eran del todo atrayentes, y si acaso, preguntaba por lo que le era más familiar, como tamales y tacos, de lo poco que había escuchado.

Siempre me pedía tamales y buñuelos.
Antes de irse a Dallas por año y medio a la escuela de invidentes, me pidió la despidiera con una comida mexicana, auténtica, me dijo, y la complací. Ese día me fuí a su casa desde la mañana  y para antes de las 12 ya estaba listo el arroz, los frijoles, los guisados para tacos y tostadas, la salsa para las enchiladas, etc. 
Como ya para entonces había perdido la vista por causa de la diabetes, me preguntaba, qué hay aquí, que tiene esto dentro, qué le pusiste... 
Por lo mismo, mientras el picadillo y la tinga fueron un éxito, las enchiladas no, porque le eran totalmente desconocidas, ella no sabía nada ni de la salsa ni del queso, y menos si era fresco y de cabra!
Pasó el tiempo y seguimos con lo de siempre, tamales y buñuelos, de los nopales ni hablar, porque según ella, jamás probaría algo que (al sentir con los dedos y notar escurridizo y baboso) no le llamaba la atención. La verdad a mí tampoco, por eso los preparo asados.

Poco tiempo antes de su partida, me pidió de nuevo una comida y le dije, esta vez sin enchiladas, verdad? -Porqué? hazlas, sí me gustaron! -Yo recuerdo que no, le dije.
Pero como al resto de la familia sí, de cualquier manera las preparé y le serví, les metió los dedos y las volvió a dejar allí, con discreción, seguramente cuando sintió lo fresco del queso y lo sedoso de la salsa.
Todo lo demás voló, incluyendo las galletas Marías con cajeta, que a sus niños gustaban tanto.
La cocina regional familiar, que conocí a través de mi abuela, aún lleva los ingredientes que ella usaba. Nada de que el picadillo con almendras y pasas, nada de excentricidades, sólo lo básico, como en cualquier cocina mexicana de pueblo... 

Tonya se fué, pero nos quedan sus recuerdos...

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