6.1.13

Si son de harina ni me las calienten!

En mi casa se ''echaban gordas'', nosotros comíamos gorda sola, o con chile, los marranos gordas duras y de vez en cuando nos hacían gorditas de harina.

Las de dulce también eran gorditas, y las había de acero (porque se cocinaban en un sartén muy pesado con ese nombre), de manteca, de azúcar...

No sé desde cuando las tortillas se conocían también como gordas, pero en mi casa era común referirse a ellas así. Ya no las ''torteaban'' a mano, para eso había tortillera.
Pero se preparaba todo en casa, yo recuerdo haber ayudado a desgranar maíz, después mis tías lo limpiaban, preparaban con cal, lo cocían, enjuagaban y al final regresaba yo, acompañando a quien fuera al molino. Después de nuevo eran ellas quienes preparaban la masa y las cocinaban.
En ocasiones, cuando se ''echaban las gordas'' cuando ya estábamos todos sentados a la mesa y quien estuviera a cargo de ellas no se daba abasto, era cuando las capeábamos, nunca se veía una en la canasta, porque todas iban directamente al comensal.
Decía mi abuela que se sentía como la ''bruja pedorra'', una que como no tenía un ojo, por ese lado le robanan lo que hacía y nunca le rendía.

Echar gorditas de harina era motivo especial. Se preparaban sólo de vez en cuando.
Había alguien que decía ''si son de harina, ni me las calienten''. Mi tía preparaba la masa en una batea de madera y después las extendía con el palote.
Un día, alguien, seguramente un niño imprudente (como yo) se quejó de que la gordita parecía huarache, o estrella, porque recuerdo a mi tía contestarle:

-te las vas a comer enteras? Porque si te las vas a comer enteras a tí te las hago redondas, pero si las vas a masticar, ni para qué molestarse!

Teníamos una vecina que hacía trampa. Debe haber tenido mucho tiempo o poca familia que alimentar, porque nosotros no podíamos darnos esos lujos. Ella, con calma, extendía sus tortillas y después colocaba un plato encima y las cortaba redonditas! Y todas del mismo tamaño (menos la última, que era la que se comía ella para que nadie la viera).

Hace poco, mi mamá quería buñuelos como cada fin de año, y me regaló una bolsa de harina preparada para hacer tortillas, de esas a las que sólo se le agrega agua. Yo, acostumbrado a mezclar la mía con manteca, sal y polvo de hornear, le tenía un poco de desconfianza, pero como era de ella y para sus buñuelos me dije, ni que se los fuera a comer enteros!

Me llevé una buena sorpresa, pues las tortillas quedan muy buenas, gorditas, no como las calcomanías que venden precocidas en las tiendas y mucho mejor que las que venden ya cocidas de Tía Rosa y similares que ni sabor tienen. A mí las tortillas me gustan blancas, pesadas, que no se sientan arenosas (que no hayan sido extendidas en una superficie espolvoreada con harina), ya sé, no me las voy a comer enteras, pero así me gustan, por eso las hago yo... no importa que no sean redondas, nadamás que no se vean transparentes, amarillentas, quebradizas...
¡por eso se llaman gorditas!

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