17.4.14

...y hablando de galletas...

Lo que más me gustaba cuando mi abuelita recibía visitas, es que muchas veces le traían a regalar unas cajas enormes de galletas surtidas de Gamesa o Nabisco-Famosa.

Y es que como en casa solamente acostumbrábamos las de animalitos o las ovaladas, en esas cajas había unas riquísimas de nieve (waffle), de sandwich (del mismo color e intercambiados, con ese relleno super dulce), barra de coco y otras redondas de un sabor medio raro como gengibre, etc.

Esas cajas eran de cartón, pero cuando la visita provenía de EUA, las cajas eran redondas de lámina y las galletas, exquisitas, de mantequilla, con unos granotes de azúcar enormes, se deshacían en la boca.

Cuando no encontrábamos galletas de animalitos u ovaladas para el desayuno, buscábamos unas que se llamaban poblanas, del mismo tipo que las ovaladas pero grandotas, rectangulares, con onditas o las tradicionales galletas Marías. Seguramente había galletas de todos los estados de México porque recuerdo unas chiquitas de coco que se llamaban jarochas.

Mis preferidas eran unas roscas cubiertas con un glacé amarillo chillante o fiucha a las que se los quitaba con la lengua y después dejaba, porque sin ese dulce, la galleta no era nada especial, lo mismo que las grageítas, las piruetas de limón o las de merengue con coco rallado encima. 
Marinela tenía otras golosinas, entre ellas unas galletas sandwich enormes llamadas príncipe, además de sus tradicionales gansitos, pays y demás panquecitos.

Durante un tiempo la moda era ir al tendajo de la esquina a comprar una galleta salada con un chile jalapeño encima. 

Para merendar comprábamos (como la mosca, andamos arando) ricanelas, suavicremas, sabrosas (ritz) o esperábamos a que pasara el panadero por la calle para correr a ver de cual traía.

¡Qué tiempos tan dulces fueron esos!

A romper la piñata!

Lo mejor de las piñatas no era ni golpearla ni recoger los dulces, sino las bolsitas que nos entregaban al final.

En ese tiempo eran bolsitas de papel. Traían dentro por regla general una naranja, a veces mandarina, dependiendo de la época, un trocito de caña, cacahuates, colaciones, galletas con grageitas y un pito o cualquier otra cosita para entretenernos.

Lo malo es que como casi siempre seguíamos jugando con la bolsita apretada en la mano, las galletas terminaban casi pelonas y las grageitas andaban todas revueltas con pedazos y polvo de las cáscaras de cacahuate. Las colaciones, que seguramente eran viejas, estaban descoloridas y con las puntitas rebajadas.

Lo primero que había que comerse era la mandarina y después se chupaba la caña hasta dejar el gabazo (bagazo). Las colaciones eran una sorpresa, pues podían traer dentro o una semillita de anís o un cacahuatito pequeño. 

Con el tiempo llegaron las fiestas temáticas, donde tanto la piñata como el pastel y las bolsitas debian estar coordinadas con el diseño de algún personaje infantil, y ya no supe que es lo que les echaban dentro.