5.4.16

¿Disciplina o maltrato?

Hace días leí de unas niñas que mataron a su compañero de clases, de tan sólo 11 años.

Creo que eran cuatro contra uno y aunque el director de la escuela logró detener la golpiza y llevar al menor al hospital, murió al poco tiempo.

Quiero pensar que habrá cargos contra ellas por el acto, pero también creo que esto ya se está saliendo del control por eso de que ahora ningún maestro puede llamar la atención de nadie porque ya están todos alegando maltrato.

Yo se hasta donde puede haber disciplina y castigo y desde donde empieza el maltrato.

Mi tía Laura fue muy dura con sus hijos y nunca esperó a que llegara mi tío del trabajo para darle la queja de como se habían portado los niños. Según ella, después de un arduo día de trabajo, él merecía descansar y no llegar a lidiar todavía con más problemas, así que ella misma los disciplinaba en el acto. Mis primos, que por lo mismo siempre lo prefirieron a él porque ella era ''muy mala'', la amenazaban con llamar al servicio de protección infantil y ella les respondía, llamen, y cuando ellos se vayan, a ustedes les va a ir peor.

Mis primos tienen todos carreras profesionales, matrimonios estables y quien sabe como serán ahora ellos con sus propios hijos, pero por lo pronto, a ellos los educaron bien. Con disciplina, a la antiguita. 
Cuando lo supe me dije, lo qu eyo habría dado por ese tipo de llamadas de atención!

Porque en mi caso sí hubo maltrato. En el círculo vicioso de mis travesuras y los castigos que recibía por ellas, se repetían una y otra vez en venganza de los castigos, que a mi juicio eran excesivos, como golpearme con la hebilla de un cinturón dejándome los verdugones por días en donde me pegaran. Yo volvía a hacer maldades con más saña y entonces me castigaban otra vez y esa fue mi infancia. Corría a esconderme debajo de una cama y desde allí me sacaban a jalones, quitaban colchón y tambor y todo hasta hacerme salir, o me picaban con el palo de una escoba hasta que me salía o se rendían y me dejaban allí a llorar en silencio deseando morirme. 

Me fregaban, pero de que me desquité, me desquité. Ese tío, por cierto, un día se casó y tuvo sus propios hijos, a quienes jamás tocó ni con el pétalo de una rosa, y estoy seguro de que no eran una blanca palomita, pero en fin, como yo era el hijo de nadie, me agarraban de su puerquito... Los hijos propios sí duelen, verdad?

A pesar de los golpes que recibí en mi casa y los que me dieron en la escuela, maestros y compañeros, que se eran bien merecidos, nunca anduve matando a nadie y hasta la fecha, jamás he querido acabar con la vida de nadie. Creo que crecí con rencor, pero dentro de lo que cabe, sin instinto asesino y voy de gane.

Apoyo que haya disciplina siempre que no llegue al abuso y al daño físico.

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